Hay veces que la vida se vuelve incomprensible. Golpea sin ninguna compasión cuando menos te lo esperas, y quizás a quien menos se lo merece.
Ayer conocimos la terrible noticia del fallecimiento de Juan Manuel Sevillano, compañero del curso de entrenadores en el que tantas y tantas horas pasamos.
Pocas palabras nos quedan a los que lo conocimos y, sobre todo, lo disfrutamos como persona y como entrenador. Se recorrió durante dos años (tres veces por semana) los casi 70 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta que separan Baena de Jaén. Y todo por el fútbol. Por venir a clase y aprender. Para poder ayudar mejor a esos niños que él había criado sobre el verde desde que eran pequeños.
En este mundo del fútbol donde tanto incompetente juega a ser referente, José Manuel nos enseñó a todos el significado de la palabra humildad. Humildad de alguien que ha dedicado su vida a este deporte, que posiblemente sabía mil veces más que muchos de los que le dieron clase, pero que se niega a quedarse estancado. Quería aprender por su pueblo, por su club, por sus niños…
Por desgracia las personas solo se valoran cuando ya no están. Quizás debimos decirle antes lo mucho que lo admirábamos. Que era un referente en cuanto a superación, tesón y constancia se refiere. Y que lo queríamos mucho, sobre todo eso, porque se hacía querer.
Allá donde estés amigo, cuida de tu gente. Los de aquí abajo nunca te olvidaremos, y ten por seguro que te recordaremos cada vez que pisemos un campo de fútbol. Arriba se llevan un gran entrenador, y una mejor persona.
Descansa en paz.
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