Empiezo la aventura de este blog con la mente puesta en esta
frase. Quizás suene simple, obvia, buenismo barato… Nada más lejos de la
realidad.
A raíz de mi corta experiencia he decidido hacer de estas
tres palabras uno de mis ley motiv. Con ellas
pretendo expresar que, detrás de cada actividad, la que sea, hay personas que
se ven beneficiadas de la labor que cada uno realiza. Esta idea tan simple, tan sencilla, es a mi entender revolucionaria por poco extendida. Pero ya habrá tiempo de desarrollarla.
Aquí hablaremos de fútbol, de formación, de valores. Y de
muchas otras cosas, si me permiten, pues soy un firme defensor de la
interdisciplinariedad. El magnífico discurso de Steve Jobs en Standford (“conect
the dots”) nos da una pista de cómo la suma de experiencias, reflexionadas
y bien orientadas, nos abre un abanico de posibilidades inmenso, en cualquier campo que nos interese.
A mí me interesa el fútbol porque crecí con él. Desde muy pequeño,
como tantos millones de niños, soñaba con una pelota día y noche. Con el
tiempo, y la evidente falta de aptitudes, fui descubriendo la otra cara del
fútbol. Esa que puede convertir a un adolescente problemático en un modelo a
seguir. Esa que les enseña a los que lo practican que solos no pueden, pero que
apoyándose en el compañero son capaces de destrozar todas las barreras.
La magia de este deporte radica, a mi modo de ver, en que
puede cambiar personas. Hacerlas mejores, a la par que más felices. Es, sin
duda, una segunda escuela, y los que intentamos poner nuestro granito de arena
en esta inmensidad debemos ser conscientes de la responsabilidad que supone
manejar una parte tan potencialmente influyente en la vida de las personas.
Espero que el que se acerque por este rinconcito de vez en
cuando saque algo positivo, y por supuesto interactúe. La riqueza del debate es
lo mas valioso que este medio nos aporta.
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