En una de las primeras entradas de este blog os hablé sobre el pequeño equipo de barrio en el que descubrí lo bonito que es entrenar. Era el Cuatro Caminos, un equipo muy humilde pero lleno de entrega y ganas de jugar al fútbol.
El otro día descubrí que una de las personas que me acompañó en esa etapa, Luis Manzanares, me había enviado una foto que no puedo dejar de poner por aquí. Corresponde a mi segundo año en el club, y entrenaba al equipo infantil, ya de fútbol 11.
Quiero que esta foto sirva de reconocimiento en primer lugar a Luis, Mazi para los amigos. Su ayuda durante ese año fue muy importante, porque siempre nos ponía una sonrisa en la boca cuando las cosas no nos salían del todo bien. Es difícil encontrar gente así, y yo tuve la suerte de poder compartir con él un año inolvidable. Y en segundo lugar para todos y cada uno de esos niños, que nunca se perdían un entrenamiento, que luchaban por superarse día a día, y que nunca se rendían a pesar de ser de lejos uno de los equipos con menos recursos en toda la competición. Nos hicimos muy fuertes aquel año, en todos los sentidos.
Siempre me ha gustado tener el retrovisor bien presente. Si no recordamos de dónde venimos nunca sabremos hacia donde vamos. De ahí surge este humilde homenaje a Manzi y a todos los que formaron parte de ese equipo. Lo decíamos en nuestro grito de guerra, ¡sí se puede!, y vaya si pudimos ese año.
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