Mientras entreno con los chavales
escucho una voz desde un campo contiguo. “¡El partido de esta semana es
importantísimo, y empezamos a ganarlo hoy!”. Echo un vistazo. Son infantiles
(12 y 13 años). Estamos a martes.
Una frase de lo más normal,
pensarán los que más años lleven en esto. Quizás, pero como formadores
considero que debemos replantearnos cada cierto tiempo nuestros métodos y, en
este caso, los mensajes que transmitimos a nuestros jugadores. Analicemos la
situación pues.
David se ha levantado a las siete
menos cuarto para ir al instituto. De 8 a 3 ha estado en clase, atendiendo a
cinco o seis profesores, cada uno de los cuales le ha contado una historia
diferente. Siete horas, y solo media para descansar. Nuestro chico sale de
clase, llega a casa, come rápido y se pone con los deberes. Entrena a las 6 y
tiene que salir una hora antes porque vive lejos y sus padres no lo pueden
llevar. Hace lo que puede, se viste rápido y para el entreno.
Cuando llega al campo, después de
11 horas de actividad continua, y con unas ganas tremendas de desconectar
jugando al deporte que le gusta, llega un señor y le pega cuatro voces porque
falla dos pases seguidos. “¡El partido de esta semana es importantísimo, y
empezamos a ganarlo hoy!”… ¿De verdad es necesario que desde el martes David
entrene presionado porque “el partido del domingo es importantísimo”? ¿Para
quién es importante?
Desde mi punto de vista, caemos continuamente
los entrenadores en un error básico. Aplicamos esquemas del fútbol senior al
fútbol base. Me leeréis repetir esto muchas veces, y es que lo creo el origen
de muchos de los problemas de nuestro deporte.
Los entrenadores miramos la
clasificación con muchísimo más interés que nuestros jugadores. Creemos, en mi
opinión equivocadamente, que la clasificación es el veredicto sobre nuestro
trabajo. Nos sorprende, y hasta nos enfada, que alguno de nuestros jugadores no
sepa en qué posición va el equipo o con quién jugamos la semana que viene.
“Este chico no está implicado”, pensamos. ¿De verdad? Quizás él solo quiera
jugar por jugar, porque disfruta haciéndolo.
Siempre defenderé que el fútbol,
aun en canteras de rendimiento, debe tener como principal objetivo la formación
integral del deportista. Para David, el chico del que hablamos, el futbol debe
ser un complemento a su formación. Se divierte jugando, entrenando y
compitiendo. Aprende cosas que solo la competición deportiva le puede enseñar,
y sí, quiere ser campeón, pero quizás no sea lo que más le importe.
No hagamos “dictadura de nuestro rincón”, que diría Lillo. La mayoría de los jugadores tiene la mente mucho más
limpia que la nuestra, sin vicios ni prejuicios. Ven el deporte como lo que
debería ser. Porque quizás el partido del domingo no sea tan importante, o sí.
Pero dejemos que él lo decida mientras se divierte jugando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario